Trauma de Desarrollo

El Trastorno por Trauma por Desarrollo, es una diagnóstico poco conocido pero más común que otros diagnósticos a los que estamos más familiarizados.

A menudo, los niños/as y adultos que presentan sintomatología variada, reciben diagnósticos equivocados e incluso múltiples diagnósticos. Como trastorno de ansiedad, depresión, fobias, trastornos psicosomáticos, trastornos de personalidad, trastornos de déficit de atención e hiperactividad… El tratamiento recibido no acaba de funcionar y/o no hay una identificación clara entre el funcionamiento de la persona y el diagnóstico recibido.

Esto puede ser debido a que, a menudo, los profesionales de la salud, ponen el acento a la hora de diagnosticar en el comportamiento y los síntomas que la persona presenta sin mirar la etiología de estos factores, o lo que es lo mismo, lo que hay detrás de ellos.

Los niños y adolescentes que han crecido en un contexto en el que se han sentido en peligro constante desarrollan diversas dificultades a la hora de vincularse con los demás y consigo mismos.  Estás consecuencias suelen derivar en un Trastorno por Trauma de Desarrollo. La vivencia continua de sentir amenazada su integridad física y emocional, es como un efecto gota a gota, que poco poco irá generando en su sistema un estado permanente de protección hacia el mundo. Este estado constante, afectará a su desarrollo neurobiológico, dando lugar a sintomatología y dificultades varias. Estas consecuencias se verán reflejadas tanto en el plano físico, emocional como social y de no ser atendidas, se alargaran hasta su vida adulta, cuando es más común el diagnóstico erróneo o múltiple.

En definitiva, entendemos por Trastorno por Trauma de Desarrollo, aquellas dificultades derivadas de experiencias traumáticas de índole repetitiva, también entendido como Trauma Complejo, y lo podemos reconocer en los criterios siguientes:

  1. Haber estado expuesto prolongadamente a varios episodios adversos durante mínimo un año a partir de la infancia o adolescencia temprana. Entendiendo como tales, episodios de violencia interpersonal, tanto experiencia directa como haberlos presenciado y alteraciones importantes en el cuidado y protección recibido de sus cuidadores (cambios repetitivos de cuidador principal, separación repetitiva del cuidador o exposición a maltrato físico y/o emocional por su parte).
  1. Dificultad en la regulación de sus emociones y sus estados fisiológicos en al menos dos de las siguientes áreas:
  •  Incapacidad de modular o tolerar estados intensos; miedo, ira, vergüenza…
  • Alteración del sueño, alimentación y eliminación. Reactividad exagerada o insuficiente al tacto y sonidos y desorganización en los hábitos de rutina.
  • Poca conciencia de emociones, sensaciones y estados corporales. 
  • Poca capacidad de describir emociones o estados corporales.
  1. Presentar dificultad en la regulación de la atención y conducta. En al menos tres de las siguientes áreas:
  • Mala interpretación de las señales de seguridad y peligro. Hay o excesiva preocupación por alguna amenaza o poca percepción de las amenazas.
  • Baja capacidad de autoprotección, exponerse a riesgos o los buscarlos.
  • Intentos de autorelajarse inadaptados como mecerse, otros movimientos rítmicos o conductas compulsivas como la masturbación.
  • Autolesiones habituales.
  • Incapacidad de iniciar o mantener un comportamiento orientado a objetos o objetivos.
  1. Baja percepción de su propia identidad y en la implicación en sus relaciones, en al menos tres de las siguientes áreas:
  • Preocupación intensa hacia la seguridad del cuidador o otros seres queridos o dificultad en tolerar la separación.
  • Percepción negativa de sí mismo.
  • Desconfianza persistente o extrema hacia los demás.
  • Agresividad física o verbal reactiva.
  • Intentos inapropiados de lograr el contacto íntimo (sexual o no) o dependencia excesiva hacia los demás para sentirse seguro.
  • Falta de empatía o intolerancia a las expresiones emocionales de los demás respondiendo excesivamente frente a estas.
  1. Síntomas de estrés post traumático al menos en dos los siguientes síntomas (para más detalle consultar diagnóstico de TEPT):
  • Intrusiones mentales sobre experiencias traumáticas.
  • Evitación de todo lo asociado a hechos traumáticos.
  • Alteraciones del pensamiento y del estado de ánimo asociadas a estos sucesos.
  1. Baja funcionalidad en al menos dos de las siguientes áreas: escuela, familia, grupo de iguales, legal, salud y profesional.
  1. Duración como mínimo de 6 meses de la sintomatología mencionada.

En definitiva, el Trauma de Desarrollo genera consecuencias importantes y para que la persona pueda reestablecer su equilibrio y funcionalalidad, será necesario que acuda a un profesional especializado en trauma con el que pueda estabilizarse emocionalmente, obtener recursos de autoregulación y pueda reeprocesar las experiencias traumáticas para que dejen de condicionarle en su vida presente.

 

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